
Para llamar al portón del pasado se necesita un poco de imaginación y nada más. La historia, no sólo se palpa con la punta de los dedos en la Granada del siglo XXI, te invade la mirada a cada paso que das.Un chico sobre su burro transita por el Paseo de los Tristes proyectando al andariego el espejismo de un pasado cercano en el mundo de la tecnología punta, en la era de la comunicación e Internet. Un refrán granaíno dice; "pa las cuestas arriba tengo mi burro, porque las cuestas abajo yo me las subo".
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