
El semblante de la pobreza se mezcla descaradamente con la ostentación por las calles de la ciudad.
Granada, ciudad donde nací, que dejé y más tarde elegí para vivir, está lejos de ser una ciudad industrial. Es una urbe para la contemplación con la canción del agua de las fuentes del Castillo Rojo que la domina. Una ciudad de una dura realidad dónde a muchos no se les permite soñar.