Un estudiante granadino, comprando alcohol, decía con mucha ironía: Los jóvenes del botellón; ¡qué vergüenza! El charcutero del Mercadona, mirando a las chicas en pantalón corto decía: ¡Qué envidia! Yo no pude reprimir un pensamiento acordándome del estado en que dejaron el lugar: ¡Qué pena!
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